Antonio Puerta Albañil
Esta mañana salgo mas tarde de lo habitual, tengo que hacer cosas por mandato y no es posible salir al menos hasta las diez de la mañana, he descansado y me siento bien, casi eufórico, no me duele nada, me voy a los campos a una hora poco propicia de no ser por que la temperatura esta como muy mesurada para las fechas que corremos, seria una hora totalmente desaconsejable si las temperaturas reflejaran sus valores normales.
Como buen sábado, día de descanso para todos los componentes del club, no encuentro a nadie en la sede, mejor, así haré un rodaje suave para ver como sigo de forma y probar mi lesión, después de toda la semana a la bartola tengo ganas de correr, de correr sin problemas, sin dolores y sin nada que me impida disfrutar del entreno.
Me dirijo a uno de los itinerarios mas frecuentes, sin ninguna dificultad reseñable, solo tu mismo lo puedes endurecer, si lo que pretendes es rodar simplemente, adelante disfruta y pon tu ritmo.
Le pongo un ritmo suave, solo quiero hacer kilómetros y ver como responde mi pie, que empieza a ser totalmente odioso para mi la simple idea de rememorarlo, me mantengo en cinco minutos el kilómetro, que es un ritmo agradecido y en principio muy bien.
Los kilómetros van pasando y el dolorcillo me empieza a recordar mi situación actual, en el kilómetro siete ya deja de ser dolorcillo y mi estado de animo empieza a ser cabreo, el dolor es agudo como si no hubiera descansado, doy la vuelta y es una heroicidad para mi llegar a la sede con el dolor que tengo que aguantar hasta el final, es increíble no ha servido de nada el descanso, se hace inevitable el diagnostico mediante resonancia magnética para saber el alcance real de mi mal.
Después de los acontecimientos pasados por la muerte casi en directo de un futbolista, hecho relevante y que todos sentimos, es doloroso ver como un joven deportista pierde su vida y deja un hijo no nato, pero este señor era un trabajador de elite, con un contrato súper millonario y su futuro resuelto por la extraña habilidad de darle patadas al cuero con mas o menos técnica, vuelvo a decir que es lamentable y ojala no se hubiera producido.
Ahora me pregunto, que hubiera pasado, como es frecuente, si se llamara Antonio Puerta Albañil y se hubiera desplomado desde un andamio y dejado tres hijos y una mujer viuda en el pueblo, ¿todos estaríamos con ellos, lo lamentaríamos de verdad, nos manifestaríamos con lagrimas en los ojos y ondearíamos el pañuelo de cuatro nudos como nuestra bandera, les dejaríamos la vida resuelta a sus huérfanos y viuda, los demás curraríamos con su nombre a la espalda, el señor ministro vendría a darle la medalla al trabajo y a ofrecerse para que esa familia no pasara necesidades, una mierda y si además de segundo apellido se llamara Emigrantebarato u otros muchos segundos apellidos, bueno. Vale.











5 comentarios:
Totalmente de acuerdo. Nos falta coherencia. Suerte con la lesión.
Un saludo!
Gracias Pedro.
Un saludo
Estamos de acuerdo. Asi es la vida
imbecil
Anonimo, solo los cobardes se esconden en el anonimato.
Un saludo.
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