1.500 km.
El cielo esta cargado de nubarrones de un gris oscuro amenazante, parece que va a llover de un momento a otro, son las ocho treinta de la mañana y no es momento de andar con disquisiciones, de lo que se trata es de ir a correr, por lo tanto a los montes y a elegir bien el rumbo de hoy, me cercioro en el calendario que es veinticuatro de agosto, por la temperatura.
Optamos por un recorrido siguiendo una vía pecuaria que ya tenemos establecida como circuito de otras muchas veces, es un circuito fácil sin apenas cambios orograficos, solo un tanto desertizado, algún grupo de retamas en los márgenes del sendero rodeadas de hierba seca adornan el itinerario, pero es lo que hay, ya me gustaría que el entorno fuera mas frondoso, hace años que desaparecieron los árboles, talados para los menesteres belicosos, la construcción de iglesias y palacios y como sustento del pueblo.
He protegido mi pie con una tobillera de neopreno que parece que me estabiliza y apacigua el dolor, las piedrecillas sueltas en algunos tramos hacen rodar mi pie sin misericordia, llevándome algún que otro trastabilleo y acentuando mi hermosa lesión.
He terminado con buenas sensaciones y en algunos momentos del entreno he llegado al 99% de mi frecuencia cardiaca máxima, dejando la frecuencia media en 147 pulsaciones por minuto. Una vez en la sede dispuesto a realizar los estiramientos he comprobado en mi agenda personal que este año a pesar de todas las vicisitudes llevo ya los mil quinientos kilómetros por montes, senderos y asfalto. Vale.











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